IRITZIA

Privil€giada$

El jueves

El Jueves

Érase una vez un señor muy rico muy rico, pongamos que se llamaba Amancio. Amancio era un privilegiado, no en vano se pasaba horas bajo tierra en una mina, después descargaba contenedores en el puerto y por las noches limpiaba habitaciones de hotel. ¡Jodida suerte! ¡Qué privilegio! No, Amancio jamás hizo nada de eso sino que se lucro en base a la explotación de sus trabajadoras. Ainhoa sí que tuvo uno de esos trabajos. Amancio es un emprendedor generoso y hecho a sí mismo; Ainhoa, en cambio, una privilegiada.

El calificativo de privilegiada que nos inculcan desde la prensa, los tertulianos televisivos y ciertos políticos de turno, para hablar sobre las estibadoras en las últimas semanas, no es más que una estrategia para que los diferentes colectivos de la clase obrera odien a los de su propia clase por tener derechos.  Varios sectores han sufrido este tratamiento de “privilegiados”. Controladores aéreos, profesoras, trabajadoras de la limpieza, transportistas… Todo colectivo que se organice por sus derechos.

Mutua minería

Mutua Minería

Mediante la lucha, la organización y la solidaridad entre las trabajadoras son como se consiguen las conquistas en derechos laborales. El objetivo de calificar de privilegiados a algunos colectivos no es más que el enfrentamiento y así aislar a cada individuo con el pensamiento capitalista del “sálvese quien pueda”. ¿Los demás van a tener más que yo?  En vez de exigir nuestros derechos queremos que los demás renuncien a los suyos.

Si acaso se han logrado más mejoras en ciertos sectores es porque han luchado por ellos. En vez de pelear entre los esclavos deberíamos de unirnos y luchar contra el amo.  Detrás de cada trabajadora organizada hay un patrón que se lucra de su fuerza de trabajo. Las trabajadoras tienen que vender su fuerza de trabajo, es lo que les hace subsistir, y para defender su trabajo y su dignidad, se solidariza con sus compañeras. Si no está unida, la clase obrera es vulnerable, y por eso la burguesía ataca esa unión.

EFE

EFE

Durante años la clase trabajadora organizada ha conquistado sus derechos. La jornada de ocho horas o los días de descanso se consiguieron luchando y también estos eran unos “privilegios”. No son privilegios, son  derechos. Los de todas las trabajadoras. Hubo una época en la que ser mileurista era una humillación. Ahora, si llegas a 1000 euros pareces un ricachón. La consejera de Empleo y Políticas Sociales del Gobierno Vasco Beatriz Artolazabal afirmaba en una entrevista en la Cadena Ser que con 600 euros al mes se puede tener una vida digna.  Ese es el mensaje que nos quieren inculcar y por eso llaman privilegiados a los estibadores.

Que las estibadoras consigan mejoras en sus condiciones laborales es una victoria de toda la clase obrera. Así como cuando las cuidadoras de residencia,  las maestras, las taxistas o las trabajadoras de la línea de montaje conquistan unos derechos, todas los conquistamos.  Lo que más teme el patrón es una clase obrera organizada.

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