SORTZAILEEN TXOKOA

Tarde

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Me he cansado, lo siento, debía de haber llamado antes

pero las horas siguen clavándose en mi espalda

como puñales de noviembre que recuerdan las ausencias.

 

Es tarde.

Puedo ver la preocupación en tus ojos.

 

Quieres volar pero solo existes entre estas líneas,

en las alargadas sombras de mis manos agrietadas

que nunca más rozarán la última frontera

antes del viernes.

 

No, repetidas veces, no.

Puedo ver la angustia en tus labios.

 

Una revuelta se asoma por la ventana,

ha anegado la ciudad y yo no necesito balsa,

quiero ahogarme en ella pero pronto volverá el aire del desierto.

Ten cuidado vida, no te pierdas.

 

Se marchó sin pedir un taxi.

No puedo ver la primavera en tus mejillas.

 

El epílogo del libro que guardo en la balda más alta de la estantería

dice que vuelva al principio.

Elige tu aventura.

Llamo.

Una navaja al otro lado,

y la botella de los días especiales.

Tal vez mañana…

 

Tarde,

de nuevo,

tarde.

 

Puedo ver el sol salir en tu pelo.

El mar se convirtió en cemento.

 

Aimar Esteban Cuevas

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