IRITZIA

El Genocidio de Ruanda

imagen-14El genocidio que se produjo en Ruanda entre abril y junio de 1994, el cual acabó con la vida de 800.00 personas en 100 días, está considerada como una de las mayores matanzas jamás vistas en la historia de la humanidad. Sin embargo, esta masacre que llevó a la eliminación del %75 de los tutsis por parte del gobierno hutu, todavía hoy no es reconocida mundialmente al igual que otros genocidios.

Ante esta masacre, la comunidad internacional mostró una actitud pasiva dejando que dichas acciones se produjeran. Aunque las matanzas fueron ejecutadas por los propios ruandeses, el genocidio no se limitó solamente a un conflicto étnico interno, como se ha intentado mostrar, sino que estuvo influenciada, financiada y apoyada por potencias occidentales que apoyaron a un bando o a otro en función de sus intereses geopolíticos. Se aplicó de esa forma una política exterior basada en un realpolitik en estado puro, en el que “todo”, hasta la muerte a machetazos de 800.000 personas, valía con tal de preservar la influencia en dicho territorio.

Para entender el origen de este genocidio, es necesario saber que Ruanda es un país de África central, que limita con Uganda, República Democrática del Congo, Burundi y Tanzania. En ella, al igual que en Uganda o Burundi, han convivido durante siglos tres etnias: los hutus, 80% de la población, los tutsis el 14% y por último, una minoría llamados twa. Aparentemente, no existía ningún tipo de diferenciación física, religiosa o lingüística entre las etnias hutu y tutsi, y fue a partir del proceso colonizador y administración Belga cuando empezaron a crearse diferencias.

Ruanda fue colonia alemana hasta 1914, y después de la primera guerra mundial pasó a mano de los belgas. Durante esta época, lo belgas trataron con privilegios a los tutsis: solo ellos podían acceder a la educación mientras que los hutus eran obligados a trabajos forzados.

En 1959, muere el rey Mutara III Rudahigwa (tutsi) y le sucede en el trono su hermano. Ese mismo año comenzaron las protestas por parte de los hutus, lo que provocó años más tarde, en 1961, una gran revuelta de los hutus. Esta vez, con la ayuda de los belgas, los hutus consiguen el poder, abolen la monarquía y proclaman la república de Ruanda. Comienzan de ese modo abusos contra los tutsi por parte del gobierno hutu, lo que provoca que mucho de ellos emigren a los países vecinos como Uganda. Allí se creara el FPR (Front Patriotique Rwadais, Frente Patriótico Ruandes), que pronto jugaría un papel decisivo en el futuro de Ruanda

En 1973, el militar Juvenal Habyarimana (hutu) se apodera del poder tras un golpe de Estado. Al año siguiente, Francia firma un acuerdo general de cooperación técnico-militar con Ruanda. El apoyo militar francés no corresponde a ninguna coincidencia ideológica, sino que refleja una de las prioridades de Francia en política exterior: mantener la influencia de las antiguas colonias francesas (francophonie). Por otro lado, Estados, Unidos, que también quería conseguir influencia en la zona, siempre estuvo del lado de los tutsi (la mayoría exiliados en Uganda, después que los hutus consiguieran el poder).

En 1990, el FPR, grupo de tutsis exiliados, entraron en Ruanda, creando una guerra de guerrillas que se mantuvo a lo largo de los años, creando una situación de conflicto intermitente entre 1990 y 1994, conocido como Guerra Civil Ruandesa.

En este contexto, el 6 de abril de 1994 un misil derribó el avión en el que viajaba el presidente de Ruanda, Juvenal Habiarymana, lo que llevó a Ruanda al caos, dando de ese modo comienzo a lo que fue conocido como “la masacre de Ruanda”, un brutal genocidio que se desarrolló en sólo cuatro meses, en la que murieron 800.000 tutsis “a machetazos” a manos de los hutus.

ruanda-anos-despues-genocidio_tinima20140331_1398_5Siempre existió una gran polémica en torno a quién fue el autor del atentado contra el presidente, que fue una de las causas que llevo a que se produjera el genocidio. En un principio, los hutus culparon a los tutsis, sin embargo, más tarde se extendió la idea de que fueron hutus extremistas quienes propiciaron el atentado. La razón de dicha acción la sitúan en la oposición de hutus extremistas que no aceptaban los acuerdos de Arusha en la que el presidente estaba negociando con la ONU la paz al conflicto, y permitiría la vuelta a Ruanda de lo tutsi exiliados. Al final, esta versión equivocada termino por generalizarse en beneficio del nuevo régimen tutsi de Kagame (miembro del FPR) que llegaría al gobierno al acabar el genocidio. Versión equivocada ya que el derribo del avión fue obra del FPR.

La cruda realidad es que EEUU tenía como objetivo crear un estado de caos en Ruanda, la cual facilitase que el FPR pudiera dar un golpe y tomar el poder en Ruanda. Este país era, al fin y al cabo, una zona estratégica en la que EEUU quería tener un aliado desde el que lanzar una guerra para tomar lo que para ellos era el objetivo real: el Zaire, (actual República Democrática del Congo), uno de los países más ricos del planeta en minerales, como por ejemplo, el coltán. Es decir, en última instancia, el verdadero origen del genocidio no fue de tipo étnico, sino económico.

Este genocidio terminó cuando el Frente Patriótico Ruandés (FPR) logró tomar la capital, Kigali, y con ello el poder. Allí se desarrolló la otra parte de la masacre, no tan conocida como la anterior. Tras tomar el poder, el FPR comenzó a perseguir a los hutus y se estima que mataron a unos 200.000 hutus. Al terminar el genocidio de 100 días, Paul Kagame (comandante del FPR que participó en un programa de entrenamiento militar en Fort Leavenworth, Kansas, EEUU), se instaló en el gobierno de Ruanda en julio de 1994, como vicepresidente. Dicho gobierno fue liderado por Pasteur Bizimungu, de etnia hutu, que se unió al FPR en 1990, a pesar de estar este compuesto por tutsis. Esta figura sirvió para que los hutus (los que causaron el genocidio, pero que perdieron el poder) tuvieran representación en el nuevo gobierno del FPR.

Unos años más tarde quedo claro cuáles eran los intereses de Estados Unidos en Ruanda, cuando en la ex Zaire (República Democrática del Congo en la actualidad) comenzó a desarrollarse una guerra que aún hoy continúa, y que lleva contabilizados alrededor de 2 millones de muertos.

cfez97exiaab7nvAdemás de EEUU, Francia también tiene gran responsabilidad en el genocidio. No solo es responsable por actuar pasivamente ante la barbarie, sino de por apoyar al régimen Hutu durante muchos años (también durante el genocidio). Además, también están acusados de ayudar en la huida de hutus responsables del genocidio en la llamada “operación turquesa”.

En 2014 se celebró el primer juicio sobre el genocidio en Francia. Desgraciadamente, es muy posible que esta cuestión, como todas las que involucran a militares e incluso a una potencia como Francia, sea tapada o pase por un proceso de demoras en su tratamiento hasta que sea convenientemente diluida hasta ser olvidada.

Asimismo, en el conflicto de Ruanda, la ONU demostró una vez más ser un organismo débil e inoperante. Organización internacional universal creada con el objetivo, entre otros, de buscar la paz y la seguridad internacional mediante la cooperación y ayuda humanitaria, se limitó a una inoperancia cómplice. La misma UNAMIR (Misión de Asistencia de las Naciones Unidas para Ruanda) no hizo nada, ni cuando el propio general Romeo Dallaire dijo que, por lo menos, podrían defender la zona de Kigali. La respuesta del Cuartel General de la ONU fue que colaboraran con las tropas francesas y belgas, que estaban sacando del país a toda la ciudadanía francesa y belga. Detrás de esta pasividad, se halla el freno de grandes potencias como Estados Unidos y Francia, que como miembros del Consejo de Seguridad de ONU (junto a Reino Unido, China y Rusia), manejan a su conveniencia esta organización internacional.

Así, una vez más, intereses geopolíticos de occidente causaron sufrimiento y muerte en el empobrecido y saqueado tercer mundo. Con el proceso de descolonización parece que todos los estados africanos lograron su libertad, pero en las nuevas fases del neocolonialismo no es necesario controlar por completo un país para conseguir el beneficio propio. Es suficiente, como en el caso de Ruanda, con generar inestabilidad y armar a los contendientes (fomentando, al mismo tiempo, el lucroso negocio de la venta de armas). Y si al final se consigue el objetivo (coltán, petróleo, diamantes,…), da igual haber sembrado el camino con millones de muertos.

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