IRITZIA

Es Hora de Cambiar

6a0120a69a468c970c017c37746767970bLargo tiempo que la izquierda real, la transformadora no ha conseguido hacerse con el poder estatal. Lejos quedan las victoriosas revoluciones de las excolonias periféricas, y más lejos quedan aún (100 años atrás) la Revolución de Octubre. Como experiencias más cercanas, nos remontamos a las casi dos décadas doradas de América Latina, que tristemente, parecen estar llegando al ocaso (o por lo menos sí a un desinfle considerable). En Europa, el único ascenso al poder del Estado en los últimos años de la izquierda real, nos hace girar la vista hacia Grecia (aunque dolorosamente tengamos que obviar la forma en que se han desarrollado los acontecimientos a partir de rotundo OXI del 5 julio de 2015).

Ante esta realidad, frente a los (demasiado) largos años que la izquierda se ha quedado fuera del poder, se ha tratado de buscar argumentos, de explicar la situación apelando a diversas razones. Entre estas explicaciones muchas se han hallado fuera de la izquierda misma, es decir, se han esgrimido razones externas para dicha imposibilidad. Una de ellas es la censura mediática. La dificultad (impuesta) de que la izquierda haga llegar sus ideas y discursos a la mayoría de la población tiene como una de las razones la censura mediática, que como bien dijo Rafael Correa, “desde que se inventó la imprenta, la libertad de expresión es la voluntad del dueño de la imprenta”. Asimismo, se suele apelar al conservadurismo intrínseco humano, ese miedo que aflora ante la incertidumbre que deparará el futuro ante situaciones de cambio.

Pero más allá de estas realidades, conviene que la izquierda se mire a sí misma. Sería recomendable que nos fijáramos en los errores que nosotras mismas hemos cometido, cometemos y parece que cometeremos en el futuro.

180392Desde que el espectro político comenzó a diferenciarse en izquierda y derecha, 200 años atrás, mucho, demasiado, es lo que la izquierda ha regalado al enemigo. Entre las muchas cosas a las que ha renunciado suicidamente, caben destacar todos los logros de la Ilustración. Como excepcionalmente afirma Carlos Fernández Liria en su magnífico libro “En defensa del populismo”, la izquierda le ha dicho que no a conceptos como “Estado de Derecho” y “Ciudadanía”, intentando suplirlo por otros como “Dictadura del proletariado” o “hombre nuevo”. Sin pretender, en absoluto, desprestigiar estos dos últimos términos, no es un negocio muy bueno. No fue acertado porque no supo diferenciar el instrumento o el concepto del modo en que este se utilizó. O sea, que la democracia o el Estado de Derecho, meros instrumentos y conceptos, hayan sido utilizados en pos de la desigualdad social, de un capitalismo atroz, no hace que el instrumento sea malo, sino que hace aún más evidente que el brazo ejecutor es el que estaba podrido.

Y claro, siguiendo esta lógica (errónea), lo que se ha pretendido es ser antisistema, contracultural, mantenerse en los márgenes o ser lo alternativo. Esta búsqueda de la contracultura, que a menudo se ha caracterizado más por la autocomplacencia de superioridad moral e intelectual que en ansias de transformación social, no ha ayudado (ni muchas veces aspirado) a aglutinar los sectores más populares de la sociedad. ¿Realmente pensamos que las clases más bajas, marginadas constantemente por su posición social y económica, se sumarán a un discurso político y social que les oferta más marginalidad (por muy cool que este sea)?

En ese sentido, y con el objetivo de romper esta lógica viciosa que la izquierda está arrastrando demasiado tiempo, debería de dejar de tener ese fetiche con los márgenes, con lo alternativo. Solo cuando las identidades marginadas eran negadas y servían de palanca de cambio era útil esta lógica, como en los 70. Pero cuando el capitalismo tardío integró en la cultura capitalista todas esas identidades y comunidades (negra, gay, étnica,…), hay que cambiar ese planteamiento.

puebloEn ese sentido, la izquierda debería aspirar a buscar la centralidad del debate político (o el tablero, como se dice últimamente). Hacer suyos esos conceptos universales que todo el mundo entiende y respeta, y plantearlos como antagónicos a los poderes que nos gobiernan hoy en día. Reclamar la democracia y dejar claro que este sistema que nos deja votar una vez cada ciertos años no lo es. Decir que en un Estado de Derecho la ley debe proteger a toda la ciudadanía y no solo a élites políticas y económicas. Que la libertad de las personas no se limita a la no coerción y libertad de mercado, sino que se fundamenta en el derecho y (por consiguiente) seguridad de una vivienda, de la salud, de la educación y del trabajo.

Mientras la izquierda renuncie a todo esto, mientras renuncie a lo que por lógica política y social le pertenece, seguirá vagando por el desierto. Continuará regalando a la derecha la comodidad (y falsedad) de representar la centralidad política, al tiempo que nos condenaremos a esa marginalidad en la que, a veces, parece que nos sentimos tan bien, sin preocupaciones de transformar la sociedad.

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Utzi erantzun bat

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