SORTZAILEEN TXOKOA

Hora de Fichar

10748737_10154811576005621_1415844820_nSe aleja en el tren mientras comienzan a caer las primeras gotas de una tormenta anunciada. Solo en la estación, me quedo mirando hacia la nada dejando que la lluvia moje mi cara. Se ha ido dejando un rastro de polvo de estrellas y una mirada de ilusión. ¿ Y yo? Yo he sido un cobarde o simplemente he seguido las pautas que uno debe seguir.

Parece ser que las personas estamos expuestas a seguir un recorrido vital común. Algo que todas debemos hacer durante nuestra existencia si no quieres salirte del rebaño. Naces, estudias, trabajas, te casas, tienes hij@s, y mueres. Claro está, teniendo en cuenta la situación social de cada uno, pero con la necesidad impuesta de fingir ser feliz por (poder) realizar todas esas fases.

Marina era diferente. Le gustaba pintar aunque nunca estudió Bellas Artes ni nada parecido. Era una artista vocacional, sin la necesidad de haber realizado estudios oficiales. Aunque eso no le eximía de estudiar por su cuenta, ya que devoraba libros que me resumía en tardes de café con leche interminables. Por eso, renegaba de todo lo que pudiera ser una vida impuesta por los cánones modernos del sistema neoliberal. Volaba libre. Una nómada sin hogar fijo, sin ataduras, viviendo con lo que podía sacar vendiendo cuadros en la Gran Vía. Acostumbrada a correr delante de los municipales junto a manteros y también frente a los nacionales en manifestaciones por los Derechos Humanos. Quizá todo esto es lo que me atrajo de ella, pero como esto no es una historia de amor made in Hollywood, no tiene final feliz. O sí. Realmente me doy cuenta de que ella sí lo es. ¿Pero yo?

Trabajando en una fábrica de metales, agujereando piezas ocho horas diarias, con un sueldo decente, mi único aliciente es seguir haciendo esto para cotizar los años necesarios y poder retirarme con mi futura mujer con una pensión digna. Supongo que es la vida más sencilla, mi zona de confort. Y más cuando tu jefe te llama para decirte que te van a hacer fijo. Una gran noticia o el alargamiento de una condena, según por dónde se mire. ¿Ya está? ¿No habrá aventuras que vivir? ¿Vivir no se trataba de eso? ¿Tengo que condenarme a la rutina? Es la maldita necesidad de tener dinero, el construir una familia y todas esas mierdas que nos dice la tele.

Marina no aguanta más en este pequeño pueblo industrial. Necesita huir, cambiar de aires, vivir aventuras… Vivir al fin y al cabo. Nunca ha necesitado de nadie y no voy a ser yo quien necesite ahora mismo. Sin embargo, y en contra de lo esperado, me pide que vaya con ella. ¿Por qué no compartir la aventura de vivir? Me dice.

Son las cinco y media de la mañana y suena el despertador. Como todas las mañanas. Como será de aquí hasta prácticamente el día de mi muerte. Hace siete años que vi a Marina partir en aquel tren. De vez en cuando recibo postales suyas donde habla de todos los países en los que ha estado y las increíbles personas que ha conocido. Ahora mismo debe de estar por algún lugar de Latinoamérica. Yo estoy a punto de embarcarme en una hipoteca y esperando a que nazca mi primer hijo. Es la hora de fichar.

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Utzi erantzun bat

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