ARTIKULUAK

Desigualdad Social (II): La desigualdad, enemigo de la salud

Salud mental

mujer“La salud mental no es algo que se tiene, sino algo que se construye. Para estar mentalmente sano, uno debe apreciarse y aceptarse a sí mismo”. Ésa es la clave para una salud mental buena según la National Association for Mental Health in the UK1. Y, obviamente, en esa construcción la labor de la sociedad y, más especialmente, los valores que nos inculca la sociedad, son realmente importantes. En el caso de nuestras sociedades actuales, como ya se ha dicho en la primera parte de este trabajo sobre la desigualdad, los valores que impulsan son la competitividad que trate de colocarnos en las más altas esferas de nuestra desigual sociedad.

En este sentido, en los países más desiguales las tasas de patologías mentales son más elevadas que en los países donde dicha desigualdad es menor (Gráfico 1). . Para explicar este fenómeno, Oliver James, psicólogo y periodista, recurre a la analogía con una enfermedad infecciosa. Lo denomina virus de la “abundancia”, y conlleva “un conjunto de valores que nos hace más vulnerables ante trastornos emocionales”2, y, evidentemente, prolifera en los países más ricos. Oliver señala que nuestras ansias de ganar dinero y las ganas de poseer cosas para aparentar un estatus, que en muchos casos no tenemos, nos hacen más vulnerables a depresiones, ansiedades, abuso de sustancias estimulantes y desordenes de personalidad. Además, si fracasamos en nuestro intento de obtener o aparentar un estatus social concreto, como dice Alain de Botton, vemos “a los demás con envidia y a nosotros mismos con vergüenza”3.

(Gráfico 1)

(Gráfico 1)

De esta manera, se entiende que pertenecer a los niveles más bajos de la sociedad es razón de deshonra, por lo que es normal que la gente tienda a las drogas para evadirse de esa realidad. Por esa razón, cuanto mayor es la tasa de desigualdad existente, mayores son las tasas de consumo de drogas, a saber, opiáceos (como la heroína), cocaína, éxtasis,…

Salud física

Un estudio Whitehall llevado a cabo en 1967 con funcionarios masculinos trató de ver la relación entre el estatus laboral y las enfermedades cardíacas y dolencias crónicas. En ese tiempo se pensaba que este tipo de patologías eran propias de grandes hombres de negocios, por culpa del estrés que estos soportaban. Pero los resultados demostraron justo lo contrario, que los hombres que ocupaban los puestos más bajos del funcionariado (bedeles, mensajeros,…) eran los que más sufrían las enfermedades. Investigaciones similares posteriores, incluido el Whitehall II (también de funcionarios, pero incluyendo a mujeres), han enseñado que, además de esas enfermedades cardiacas, hay que sumar enfermedades pulmonares crónicas, algunos tipos de cáncer, depresión, suicidio,… 4,5,6.

Investigando los factores que provocaban esta salud más precaria de las personas con trabajos de nivel más bajo en los estudios Whitehall y otros posteriores, se llegó a la conclusión de que dichos factores eran el estrés laboral y la sensación de control de las personas sobre su trabajo.

En lo que respecta a la esperanza de vida de los bebés, tampoco encontramos excepciones a la norma mencionada. La renta per cápita no tiene nada que ver con la esperanza de vida, ni, incluso, el gasto médico por persona. EEUU es el país con el mayor gasto médico del mundo, llegando a cifras que rondan el 40-50% del gasto mundial. A pesar de ello, los casi 6000 $ anuales que se gastan por persona en EEUU solamente dan para que la esperanza de vida quede casi 5 años por debajo de la de Japón, cuyo gasto no llega a los 2500 $ (Gráfico 2).

(Gráfico 2)

(Gráfico 2)

Y, como siempre, al comparar la esperanza de vida de los bebés al nacer y la tasa de mortalidad por 1000 bebés nacidos vivos, vemos cómo la desigualdad de renta es un parámetro que tiene gran relación con ambos. En el caso de la esperanza de vida, se reduce cuanto mayor sea la desigualdad social. La mortalidad infantil, en cambio, sube cuanto mayor es la desigualdad de la sociedad.

Sobrepeso y obesidad

La obesidad y el sobrepeso se están extendiendo cada vez más en algunas de las sociedades más prósperas. Por ejemplo, en EEUU a finales de los años 70 la mitad de la población padecía sobrepeso y el 15% era obeso, mientras que hoy en día tres cuartas partes tienen sobrepeso y casi un tercio es obesa. En Reino Unido, en los años 80 el 40% tenía sobrepeso y menos del 10% era obesa y, actualmente, estas cifras han subido hasta dos tercios y más del 20%, respectivamente. Entre los factores que pueden afectar son los cambios en la forma de vida, la proliferación de restaurantes de comida rápida, la disponibilidad de alimentos con alto contenido energético,… A pesar de que todos estos factores deberían hacer que tanto las clases altas como las bajas se vieran afectados de igual manera por los índices de obesidad y sobrepeso, la realidad no es esa. Diversos estudios han demostrado que los problemas de peso son mucho más comunes entre la población pobre.

(Getty Images)

(Getty Images)

Además, estas tendencias son más evidentes cuanto mayor es la desigualdad de renta existente en la sociedad. Hay una relación clara entre la obesidad y la desigualdad, siendo cada vez mayor las tasas de obesidad cuanto mayor son las desigualdades (Gráfico 3). Y este fenómeno también se repite entre las personas jóvenes. Uno de los ejemplos más claros sobre hasta qué punto están relacionados la desigualdad y el sobrepeso, es el caso de la antigua Alemania del Este. Hasta la caída del muro de Berlín, la desigualdad social y las tasas de sobrepeso eran bajas, pero, una vez caído el muro, la desigualdad comenzó a aumentar sin parar, y lo mismo ocurrió con las tasas de obesos y sobrepeso.

Entre los factores que afectan en la obesidad, hay que destacar la ingesta calórica excesiva y la inactividad física. Pero, otro de los factores importantes es el estrés. El estrés provoca cambios en nuestra fisiología, que afectan a nuestros hábitos de consumo y al depósito de grasa en nuestros cuerpos. En cuanto al consumo de alimentos, se utiliza el término “comida de consuelo”, que hace referencia a la comida excesiva que se consume para tratar de hacer frente a los momentos de estrés que se padecen. Y, como ya se dijo anteriormente, las tasas de ansiedad y de estrés las padecen en mayor medida las clases más bajas y son también más altas en las sociedades más desiguales.

(Gráfico 3)

(Gráfico 3)

Más allá de factores psicológicos o fisiológicos, los factores sociales y el reconocimiento del estatus social también son claves para entender el modo de alimentación de las clases bajas. El hecho de comer fuera de casa (sea donde sea) representa una capacidad económica del individuo que lo hace. Es por ello que, a menudo, la gente de las clases bajas intenta comer fuera de casa cada vez que puede, siendo lo más habitual ir a restaurantes de comida rápida (por ser más baratos), donde la comida no suele ser muy saludable. De esta manera, mientras tratan de aparentar un estatus social, ingieren alimentos que fomentarán su obesidad, a la par que el estrés tenderá a que esta ingesta sea excesiva.

Junto a ello, y para finalizar, cabe destacar que en las zonas más empobrecidas de las grandes ciudades, en los guetos urbanos de las comunidades afroamericanas, las personas tienden a estar más gordas y voluptuosas como símbolo de capacidad económica, ya que una figura demasiado delgada podría hacer pensar que la persona pueda tener problemas económicos y pasar hambre.

 *Para comprender mejor todo esto recomendamos la película Precious.

Bibliografía

  1. Rowe, How to Improve your Mental Well-being, Londres, Mind, 2002.
  2. James, Afluenzza, Londres, Vermilion, 2007.
  3. de Botton, Status Anxiety, Londres, Hamish Hamilton, 2004 (ed. esp., Ansiedad por el estatus. Punto de Lectura, Madrid, 2005).
  4. Bosma, M. G. Marmot, H. Hemingway, A. C. Nicholson, E. Brunner y S. A. Stansfeld, “Low job control and risk coronary heart disease in Whitehall II, prospective cohort, study”, British Medical Journal, 1997, nº 314, 7080, pp. 558-565.
  5. G. Marmot, G. D. Smith, S Stansfeld, C patel, F. North, J. Head, I. White, E. Brunner y A. Feeney, “Health inequalities among British civil servants: the Whitehall study II”, Lancet, 1991, nº337, 8775, pp. 1387-1393.
  6. Council of Civil Services Unions/ Cabinet Office, Work, Stress and Health: The Whitehall II Study, Londres, Public and Commercial Services Union, 2004.
Advertisements

Utzi erantzun bat

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Aldatu )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Aldatu )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Aldatu )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Aldatu )

Connecting to %s