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Cuando la cultura se convierte en producto

Industria-CulturalEn las sociedades actuales el lenguaje económico se ha impuesto sobre el resto de los lenguajes. Se comienza a utilizar el lenguaje económico en todas las relaciones humanas. Con el nacimiento del sujeto burgués, quien es un sujeto de necesidades, las sociedades se han convertido en sociedades mercantilistas orientadas al consumo.

El ocio se reduce a términos económicos, y es que el tiempo y el espacio se han convertido en equiparables o proporcionales del dinero. El trabajo no es una construcción humanista. Nos sometemos a lo que Walter Benjamin llamó “la religión del capitalismo”. Se reduce la capacidad lingüística a la variante económica de tener.

Mientras que en las sociedades premodernas el gran valor era la permanencia, en la sociedad moderna económica, la velocidad adquiere suma importancia, todo es provisional, es una era de cambio.

Adorno advertía que el drama de la ideología occidental es que la obra de arte ha entrado en el circuito de la oferta y la demanda. Dentro del consumismo de la sociedad mercantil, la cultura ha asumido su rol de otro producto banal más. Ahora, los “productos culturales” se compran y se venden en la que llamamos industria cultural. Se producen, reproducen y conservan según criterios comerciales.

Condicionada por la industrialización, la ahora llamada industria cultural ha sustituido los mensajes culturales por formas de producto o servicio. Los mensajes que quedan fuera del trueque económico acabaron desapareciendo o escondidos en circuitos más remotos.

“Democratización” de la cultura

La democratización de la cultura provoca que abunden los “productos” culturales y que sea relativamente sencillo acceder a ellos. Pero todos estos productos no son más que instantáneos, rápidos y fáciles de consumir, no conlleva ningún desarrollo cultural más allá del cuanto más mejor. No importa la calidad, nos han creado necesidades banales y nos movemos por modas. Nos dicen qué debemos consumir y en qué momento. Por ello, para no quedarnos atrás, consumimos estos productos. Aquellos que manejan la industria son los que estandarizan la producción para conseguir rentabilidad económica en la cultura.

La cultura, siendo parte del sistema de producción de la industria y haciendo suyos los mensajes de producto o servicio, se encuentra muy condicionada. Cada expresión cultural está ligada a la supremacía de la preocupación económica que se desata desde el capitalismo. Por ello, la creación artística se relaciona con los costes de producción.

El capitalismo se vale de la industria cultural para fabricar imágenes seductoras de sí mismo y los medios de comunicación consiguen que las mayorías sociales hagan suyo el sistema. “Actuamos de manera automática sin ser conscientes de ello. Lo que vemos no es la realidad sino una apariencia de ello” explicaba Debord en “La société du spectacle”. El espectáculo se sitúa dentro del sistema de producción capitalista como desarrollo lógico.

Reducidos al valor de cambio, se busca en las obras artísticas algo vendible, ensalzando la importancia del tener que indica el capitalismo. No importa el ser sino el tener. Han convertido la cultura en una industria del consumo por el consumo. Nos tenemos que conformar con producciones mediocres ya que la obra de arte ha dejado de tener lo que Walter Benjamin llamaba “aura”. Sólo vemos lo que la obra nos enseña pero no reparamos en lo que esconde.

cocasupermcEmpresas culturales

El creador ya no trabaja por y para el arte, ahora lo hace por y para un empresario y su empresa. Por eso es muy importante de cara al futuro que los artistas sean capaces de crear y difundir ellos mismos su trabajo sin estar al servicio de nadie.

La cultura de masas nos ha traído obras de entretenimiento en su mayoría. Este tipo de cultura llega con facilidad a todo tipo de personas. Pero, ¿somos nosotros los que pedimos este tipo de cultura? Nuestra reacción ante la cultura es importante. Muchas veces por tradición o por no tener un desarrollo cultural suficiente nos sometemos a ello. Horkheimer y Adorno, indican que “divertirse significa estar de acuerdo”, algo así como la sumisión ante el poder, no necesitamos pensar cuando queremos divertirnos.

Nosotros debemos de mantener nuestra actitud crítica ante cierto tipo de cultura y apreciar si realmente vale la pena y nos hace desarrollarnos como seres humanos. La cultura de masas, es cierto, nos da derecho a elegir entre varios productos, pero todos son muy parecidos entre sí con lo que sólo nos movemos dentro del ámbito establecido por el sistema.

Globalización

En cualquier caso, en este mundo cada vez más globalizado nos encontramos ante un mercado global y adentrarnos demasiado en él puede que haga desaparecer la cultura propia de cada uno. Es necesaria una diversidad cultural que nos enriquezca a todos sin imposiciones de ningún tipo. Pero vivimos en un mundo mcdonalizado en el que se perpetúa un mensaje único: el consumismo y el mercado cultural.

culturalEl ser humano tiene la capacidad de pensamiento crítico que se va desarrollando conforme uno es capaz de distinguir, razonar y analizar como para ser capaz de definir el mundo que le rodea. La cultura debe de ser una herramienta para ello. El gran error de esta industria cultural es que los mensajes que manda no llevan a cabo ningún desarrollo para el ser humano.

Es normal que un artista cobre beneficios por su trabajo, necesario de hecho. Pero debe de ser consciente que aquello que él ha creado puede tener una fuerza significativa y qué consecuencias puede tener a la hora del desarrollo humano. Al fin y al cabo, el mayor problema no es de los artistas solamente, sino de aquellos que regulan el mercado e imponen un pensamiento único sin dejar espacio para mensajes alternativos al discurso oficial. Y también nuestro, que consumimos la cultura sin preguntarnos qué merece la pena realmente y qué no.

Bibliografia

  1. -Guy Debord (1967): La sociedad del espectáculo, Valencia, Pretextos
  2. -Theodor W. Adorno – Max Horkheimer (1996): “La Industria Cultural” en Dialéctica de la ilustración, Madrid Trotta, pp 165-212
  3. -Jean Baudrillard (1979): La génesis ideológica de las necesidades, Barcelona, Anagrama
  4. -Jean Baudrillard (1970): Cultura y simulacro, Barcelona, Kayrós
  5. -Gilles Lipovetsky (1990): La era del vacío, Barcelona, Anagrama
  6. -Gilles Lipovetsky (2007): La felicidad paradójica; ensayo sobre la sociedad de hiperconsumo, Barcelona, Anagrama
  7. -Herbert Marcuse (1987): El hombre unidimensional, Barcelona, Ariel
  8. -Erich Fromm (2007): Del tener al ser, Barcelona, Paidós Iberica
  9. -Karl Marx (2013): Manuscritos de economía y filosofía, Madrid, Alianza Editorial
  10. -Herbert Marcuse(1987): Eros y civilización, Barcelona, Ariel
  11. -Varios autores (1982): Industrias culturales, el futuro de la cultura en juego, Fondo de cultura económica, México D.F.
  12. -Daniel Bell et al. (1974): Industria cultural y sociedad de masas, Caracas, Monte Avila

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